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Algunas salvedades

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En su etapa germinal, estando ya disponible pero no completa, esta página tuvo algunas críticas entendibles  de amigos y allegados que conviene explicar tanto a mis hijos como al lector desprevenido.

Casi todos los tonos de mis futuras agua fuertes, por petulancia propia tomando de Arlt el título de sus crónicas, tendrán un tono vehemente, zumbón, crítico, ácido y desatará los sentimientos que produjeron las vivencias de estos años.

Sé que compañeros y amigos de mis hijos quizás sientan cierto escozor, primero al enterarse de otras versiones de una misma historia, y quizás ofensas en sus convicciones religiosas.

En este punto sólo puedo decir que la madre de Hernán y Lucila y yo -al provenir de distintas religiones-, habíamos acordado que la educación de los chicos iba a ser laica y ellos ya de grandes podrían elegir a su gusto sus creencias sacando conclusiones propias de acuerdo a la libertad otorgada en el acuerdo previo al nacimiento de ambos.

El pensamiento crítico sería el reaseguro de nuestras propias convicciones internas pensando en lo mejor para la libertad de conciencia de nuestros hijos.

A pesar de esto, la iglesia católica ha coptado a mis hijos, ha aceptado en sus instituciones (léase escuela dependiente de la curia católica) a la que asistieron, sabiendo que el padre es judío y avalando su concurrencia pese a mis reclamos tanto telefónicos como judiciales y por los que Patricia tiene una de sus tantas multas.

Por tal motivo algunos referentes eclesiales serán criticados por mí dado el daño que siento han causado a mis hijos y a mí, y por lo tanto esta falta de tacto o benevolencia no debe asustar de más a quien lea la historia porque no se puede amar al que dañó lo que uno más quiere.

Con respecto a Patricia, sé que es el único vínculo que ha dejado formar entre ella y mis hijos al alejarme pese a resoluciones de la corte suprema para abajo, que se detallarán en este sitio, y lo mismo que antes no puedo hablar bien de ella a pesar de que a mis hijos no les guste, sólo voy a decir la verdad de los hechos (mi verdad, que puede ser criticada abiertamente, para eso está este sitio).

La lectura crítica de esto hará mas abiertos oídos tapados de mentiras durante años y apañado por una sociedad, como la San Juanina que avaló, garantizó, aseguró, acreditó falsamente, confirmó y ratificó, dentro de su esquema de influencias y de poder aislado del País y de sus órganos jurídicos nacionales las atrocidades y mentiras de Patricia Graffigna, sus padres y abuelos de mis hijos y la locura envolvente e hiatrogénica de una familia que supo emplear su poder, en donde extrañamente (o no), ni una sola voz (en San Juan) puso en duda su versión falaz y embustera donde una madre sólo necesita acreditar su maternidad para mentir a gusto. 

 
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